Hugo Rangel Vargas
2014: Lugar indeterminado
Jueves 11 de Diciembre de 2014
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La convulsión social era un acto generalizado en el lugar indeterminado y tenía diversos escenarios, actores y vértices: la protesta callejera, la toma de edificios públicos, el bloqueo de calles, carreteras, avenidas; los desfiles de tractores, las huelgas de hambre, los tiraderos de maíz, leche y otros productos; la inmolación misma devenida en acto de rebeldía, el fuego como invitado latente de la sublevación después del incendio de la puerta del icono del epicentro del poder.
Al clima de reclamos y alboroto sin freno, se suma la indignación permanente y el ojo crítico del ciberespacio que sirve de arenga para protestas de la comunidad internacional; desatadas todas con el acicate de un acto de barbarie cometido en una región olvidada de aquel país. Desde Oslo, hasta el Parlamento Europeo; desde personajes como el propio Papa hasta distinguidos mandatarios internacionales; desde hombres y mujeres de la cultura y el arte, hasta sencillos ciudadanos de latitudes distantes como Australia, Brasil o Nueva York; todos ellos forman parte de esta crónica.
La crisis tenía otra manifestación en la colusión de autoridades con grupos delincuenciales. Si bien el fenómeno parecía focalizarse de manera aguda y contundente en una región determinada, la incidencia de las bandas criminales en la alteración de la cotidianidad de los ciudadanos y en las determinaciones de las autoridades locales parecía alcanzar niveles tales que provocaron la organización de ciudadanos a través de grupos armados que reclamaban su derecho de autodefenderse ante la incapacidad manifiesta de las instituciones de proporcionar seguridad a sus familias y propiedades.
El icono de esta colusión se pone de manifiesto cuando se destapan los arreglos que permitían la operación de un grupo criminal con la autoridad local de una provincia de aquel país indeterminado. El escándalo alcanza al más alto nivel de la clase política local del partido gobernante y deviene una serie de cuestionamientos que provocan de facto la desaparición de los poderes locales y la instalación de una situación política de excepción sin que esto traiga cambios sustantivos en la incertidumbre e inseguridad que vivía aquella región.
No, esto no ocurrió en una década. Bastó un año para que el sueño del “redentor” de una nación que parecía quedarse estancada en el concierto internacional, deviniera en pesadilla. La agenda de cambios que se impuso, la conquista y la seducción de la oposición respecto a su proyecto, la opinión pública internacional deslumbrada por la juventud y el ímpetu de su talento; fueron la escalera que colocaron alto el punto del lanzamiento del futuro fracaso contra el que se estrellaría apenas unos meses después.
Para el fallido mesías, el colofón de su desatino lo encontraría en la escandalosa evidencia de una corruptela forjada años atrás de su ascenso al poder. La antigua tradición del “contratismo” heredada de sus predecesores y aprendida de los mentores de sus mocedades políticas, hoy le cobraba la factura en una sociedad cuyas capacidades han superado a las de las habilidades prestidigitadoras de los maestros de la corrupción de antaño. Una casa, paradójicamente pintada del color de la pureza, es el flanco de ataque que coloca al sueño de la promulgada renovación de su partido en un mero espejismo.
El año que está por concluir trae un contratiempo adicional para este lugar indeterminado: una crisis económica que podría asomar apenas sus primeros síntomas. La paridad cambiaria de la moneda se encuentra sus niveles altos históricamente, así como la caída en el mercado de valores; vienen a ser la gota que derrama el vaso de una economía estancada y que permanentemente revisa sus expectativas de crecimiento a la baja, pese a las prometedoras reformas promovidas al inicio de la administración.
La crónica hasta aquí descrita tiene un sitio en el tiempo, aunque no así en el espacio. Sus nombres están ocultos bajo la memoria de cada lector y en ella se podrán encontrar tantos sucesos y variantes, como aflicciones y sueños se aniden en cada imaginación.

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