Hugo Rangel Vargas
EPN: Revolución cancelada
Viernes 21 de Noviembre de 2014
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La cancelación del desfile conmemorativo del CIV Aniversario del Inicio de la Revolución Mexicana hubiera sido un hecho aislado y poco significativo de haber ocurrido en otras circunstancias a las que ahora atraviesa el país. La crisis política de la administración del actual presidente de la República, Enrique Peña Nieto, si bien podría ser el catalizador de esta decisión; la misma devela de fondo una ruptura conceptual de la visión del país que se encuentra detrás del gobierno actual emanado del partido, eufemísticamente llamado, “revolucionario institucional”.
El discurso que invocaba los principios de los caudillos de aquella gesta histórica, acaparándolo como exclusivo de la clase política priista que fue propio de un largo periodo postrevolucionario que se extendió por muchos sexenios en el país, ha sido incluso también olvidado en el marco de una serie de reformas que dieron inicio en la década de los 80 y que tuvieron un acelerado devenir en la presente administración federal. La coincidencia con el olvido de la retórica revolucionaria y el retroceso expresado en contrarreformas, son evidencias concretas de este cambio de paradigma al frente de los destinos del país.
La reforma electoral que tuvo lugar en los primeros meses del presente año ha echado por tierra al principio fundamental que inauguró la lucha armada de la Revolución Mexicana: “Sufragio efectivo, no reelección”. Centrados en la reelección de legisladores y alcaldes, los regresivos cambios al marco jurídico en materia político electoral, han significado el reconocimiento de derecho de la cúpula partidaria que gobierna al país y que se turna alcaldías y escaños en los congresos desde hace décadas sin permitir la apertura a los intereses de la ciudadanía ni a nuevos y frescos cuadros emanados de la sociedad civil.
Esto último queda en claro cuando la reelección depende de las cúpulas partidistas antes que del voto ciudadano, dado que un legislador sólo podrá aspirar a reelegirse por el mismo partido que lo postuló, a menos que haya renunciado a él antes de cumplir la mitad de su gestión.
Por otro lado, la Reforma Energética ha significado la puntilla de la regresión a la regulación agraria en nuestro país. Si bien hubo un primer paso en las transformaciones alcanzadas con la reforma en el artículo 27 de la Constitución que tuvieron lugar en la administración de Carlos Salinas de Gortari al retirar los mecanismos que impedían la compra y venta de tierras en aquellas propiedades consideradas dentro del régimen de comunidad o ejido; la nueva Ley General de Hidrocarburos promulgada este año, establece mecanismos claramente atentatorios contra la estabilidad de la propiedad de la tierra, no sólo social sino también privada, al establecer como prioritaria la explotación de gas y petróleo, y generar dispositivos como el paso de servidumbre y la expropiación por causas de interés público de predios sobre los cuales se presuma la existencia de este tipo de recursos en el subsuelo.
Aunado a lo anterior, la reforma financiera que impulsó el gobierno de Enrique Peña Nieto viene a reconstituir de facto los privilegios de los antiguos usureros y hacendados que hacían del encasillamiento, la prenda que respaldaba el pago de deudas eternas. La reforma ya aprobada, contempla por ejemplo, la figura de la radicación de persona (o arraigo) misma que se aplicaría cuando hubiese temor de que se ausente u oculte el deudor en contra de quien deba promoverse o se promovió una demanda; así como la de la retención de bienes, que se aplicará cuando exista sospecha de que los bienes que se consignaron como garantía o en contra de los que se vaya a ejercer una acción real, se dispongan, oculten, dilapiden, enajenen o sean insuficientes para cubrir la deuda.
La primera revolución social del siglo pasado, la mexicana, tuvo su cúspide en la Carta Magna que el Constituyente Mexicano signó en 1917. Ahí se expresaron los anhelos de un país que se desgarró en una conflagración civil. Hoy la huella de sangre parece perdurar y reanimarse en un México nuevamente lastimado en lo profundo de su identidad; contusión que se desangra al golpe de testarudez y cerrazón de quien habita en Los Pinos.

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