Ismael Acosta García
Peña Nieto y Silvano Aureoles. Vidas paralelas
Sábado 15 de Noviembre de 2014
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Marquemos la distancia. Nada que se parezcan estos ejemplares de la farándula politiquera mexicana venidos a menos a los personajes sobre los cuales Plutarco de Querona se refirió en su célebre obra conocida como Vidas paralelas. La finalidad del maestro heleno era poner en relieve el carácter moral de cada uno de ellos, esmerándose en destacar su aspecto educativo y formación social a través de anécdotas que reflejaran la naturaleza del hombre. A tal propósito se sumaron innumerables pasajes históricos que evidencian a la Roma antigua como la rectora y a la Grecia antigua como la educadora del mundo occidental. Ante la ausencia de destacar en nuestros personajes las virtudes que ocupaban al genial Plutarco, busquemos otros rasgos que puedan sumar a nuestros paralelismos.

Peña Nieto

Luego del estentóreo triunfo al imponer las reformas estratégicas con el que se presentó el joven presidente de la Casa Blanca chilanguera en el Foro Económico Mundial celebrado en enero de este año en Davos, fue reconvenido para atender el severo problema de inseguridad y narcotráfico que se ha venido presentando en México -Michoacán especialmente- cuyo avispero fue azuzado por el presidente de la apócope escatológica: FeCal. Ese fue el primer jalón de orejas, sin embargo, no fue obstáculo para que una organización interreligiosa con sede en Nueva York denominada Fundación por un llamado a la conciencia, tuviese la “brillante” idea de condecorarlo y entregarle el Premio al Estadista del Año 2014 en septiembre pasado por, según ellos, “apoyar la paz, promover la tolerancia, impulsar los derechos humanos” y otra serie de sandeces que sólo existen en el imaginario de esa fundación que evidentemente ignora la realidad mexicana. No omitieron, desde luego, señalarlo “por su vigoroso liderazgo, nueva visión y por ser un actor en la responsabilidad global comprometida al desarrollo económico y social del mundo”. Bueno, no discrepo en lo de “actor”, ni obviamente en la caracterización que de él se hace como vasallo ejemplar del neoliberalismo.
En diciembre de 2013, la revista Forbes, edición México, lo ubicó en el lugar 37 de los hombres más poderosos del mundo, más o menos con los argumentos de la fundación neoyorquina, pero haciendo especial énfasis en el éxito de sus reformas estratégicas. Hoy, ante la espeluznante realidad que vive nuestro país, “el gran líder” de papel se ha desmoronado ante los ojos del mundo. La organización religiosa que lo condecoró se ha quedado vergonzosamente callada; pero Forbes, en su edición del 6 de noviembre pasado, lo degradó hasta el lugar 60 de su famosa lista, “por las serias dudas sobre la capacidad (sic) de Peña Nieto para hacer frente al problema de violencia en el país”. En la más infame evidencia de su desprecio, Peña Nieto se fue a la Chi…na dejándonos clara su pueril conducta y mínimo talante de estadista.

Silvano Aureoles

Queda claro que el accionar político de Silvano ha sido más que entreguista a los intereses del gobierno federal. Tal condición se elevó a la n potencia a través de su protagónica función en la Cámara de Diputados Federal, que inició con la firme defensa del Pacto por México y se ha ido evidenciando en su acomodaticia y servil función como presidente en San Lázaro. Su praxis política lo delata como un convencido de su perfil democristiano, más allá de su cada día más endeble argumentación de “izquierda”. Esta conducta ha sido plenamente respaldada por la dirigencia nacional del PRD asaltada por “los chuchos”, tribu de la que en ningún momento se puede desligar el accionar político de Aureoles. Sólo falta que después de lo de Iguala y Ayotzinapa, Silvano pretendiera distanciarse del grupo de su querencia que lo empoderó en el Congreso. Todo mundo sabe que de ellos, para el 2015, su candidato a la diputación por el II Distrito Electoral Federal con cabecera en Iguala, era José Luis Abarca; su candidata a la Presidencia de ese municipio, era María de los Ángeles Pineda; y el candidato a la gubernatura de Michoacán, ¡es Silvano Aureoles!
El penúltimo traspiés del de Carácuaro (porque siempre habrá un último), fue su grotesca propuesta de formar un gobierno de coalición para Michoacán pues, según reza el comunicado que envió ($) a muchos medios masivos de comunicación el 19 de septiembre pasado, “la inseguridad que se vive en Michoacán requiere de acuerdos sustanciales que involucren los enfoques, opiniones y aportaciones de todos los partidos políticos”; mejor hubiese sido que de una vez por todas se declarara como abierto aspirante a la candidatura al gobierno del estado en coalición con el PRI, porque con el apoyo que le ha venido dando a Peña Nieto no es descartable que obtenga el suyo para sacar un candidato de unidad de sus fuerzas políticas. Los demás argumentos que señala el comunicado en cuestión son verdaderamente infumables, pero rescato para el ejemplo éste, ipse dixit: “Con la coalición será posible establecer un sistema de contrapesos al poder que tienen los gobernadores y abrir la puerta para aceptar que hay problemas que pueden resolverse desde varias perspectivas, donde es necesaria la cooperación y la colaboración de otras posiciones políticas”. ¡Hey, cómo no, ahí está el resultado del Pacto por México! Efectivamente, esa es una conducta colaboracionista. Hoy, lo que se requiere para establecer un gobierno fuerte no son componendas disfrazadas de pactos ni de alianzas al margen de la ley, sino el respeto irrestricto a la misma en todas sus vertientes y por todos sus actores. Las demás propuestas de Silvano también tiene un antecedente normativo, tal es el caso de la Ley de Justicia Electoral y Participación Ciudadana y su Ley Reglamentaria que recogen mecanismos innovadores como el referéndum, el plebiscito y la iniciativa popular, quedando por incorporar la revocación de mandato que es el mecanismo con el que se gradúan las grandes democracias del mundo. Recomendaría al diputado Aureoles que se avoque a su función legislativa e impulse en la cámara federal y los congresos locales la incorporación de esta última figura.
Otra pifia reciente del legislador fue querer hacerle la tarea a Peña Nieto al llamar a las dirigencias de PAN, PRI y PRD (¿por qué no a las otras siete expresiones?) a la firma de otro pacto; éste, ahora, “contra la violencia y a favor del Estado de Derecho”. Bueno, me pregunto, ¿pues qué de veras el diputado no sabe para qué son las leyes y quiénes tenemos la obligación de observarlas? Lo que debe hacer es exigir su cumplimiento, y vaya que el estrado que ocupa es lo suficientemente alto para hacerlo. De inmediato Silvano encontró respuesta de su padrino el presidente EPN, sólo que éste lo rebasó al sugerir incorporar “a los poderes del Estado, las organizaciones humanitarias y de la sociedad civil”; ¡bah!, ni modo que se dejara ganar por su prosélito. Y le puso fecha, tenía que firmarse a más tardar el viernes 7 de noviembre antes de iniciar su viaje de placer. Con lo que no contaba EPN es que su procurador Murillo Karam le iba a reavivar la hoguera con lo de Ayotzinapa y prefirió hacer a un lado su pactitis, dejando en estrepitoso ridículo a Silvano Aureoles.
Finalmente, no dudo que el diputado pueda alzarse como candidato perredista, está dentro de las posibilidades. Pero queda clara una cosa: si lo logra, ningún otro partido de la izquierda iría con él, ya lo confirmaron en los últimos días sus dirigencias dando razón de su dicho. Además, él no cuenta ni siquiera con el favor de un 45 por ciento de la militancia perredista, mucho menos con el electorado simpatizante que hace el voto grueso del PRD y que no digiere su conducta colaboracionista. En ese sentido, sí, Silvano puede ser candidato, pero destinado irremediablemente al fracaso; a menos que con el favor de EPN pueda ir en coalición con el PRI. Habrá qué ver lo que digan los priistas. Les viene bien, es un candidato a su imagen y semejanza y de “probada lealtad” al peñismo.
Afortunadamente, para los leales y genuinos perredistas de verdadera izquierda, ha surgido al interior de su partido una “alianza progresista” que aglutina a la mayoría de militantes y simpatizantes que votan por esa corriente partidista. No se excluya que tienen puentes bien tendidos con otros partidos incluido Morena. Bien decía el senador Raúl Morón, “las alianzas también se construyen por dentro”. Desde luego que Silvano no aparece en ella, pues su praxis política no se identifica con los cuatro principios que establece la propuesta aliancista.
Vidas paralelas. Nuestros dos personajes hundidos en el fango, pero unidos en sus aspiraciones insanas. Y, como dicen que dijo Pascual Sigala, secretario general del PRD en el estado (Ricardo Rojas. Cambio de Michoacán, 12/11/2014) en una reunión con perredistas de Zitácuaro al hacerles saber que apoyar a Silvano no era una opción, sino una obligación: “Si no nos unimos, ya nos llevó la chingada”.
Es cuánto.

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