Gilberto Vivanco González
Vivilladas
Demanda justa… Exigencia extralimitada
Jueves 13 de Noviembre de 2014
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No creemos que exista en el país gente de buenos principios que no se encuentre indignada por los inaceptables acontecimientos de Ayotzinapa, decimos gente buena porque es indudable que están involucrados otros actores de sentimientos nefastos e inhumanos. El pueblo entero está en una actitud de molestia, de hastío y por supuesto de incredibilidad porque simplemente no tiene calificativo lo ocurrido, porque simplemente ha rebasado la frontera de lo aceptable y lo imaginado, pero de eso a que se obligue a la sociedad, a las instituciones, a soportar un sinfín de actos vandálicos, hay mucha diferencia.
Seamos claros, nadie duda que el gobierno federal tiene gran responsabilidad en los aconteceres ampliamente conocidos, nadie duda que en los partidos políticos se gestan personajes de gran calidad pero de igual manera se procrean o se maduran seres cuyo corazón no sólo es de roca sino de hierro, nadie duda que el crimen organizado está metido hasta el tuétano en todo el sistema político, nadie duda que el crimen horripilante de los 43 normalistas, con todo y que aún se pida su presencia con vida, descobijó un sistema inoperante, ineficiente, además de insensible, pero no debe perderse de vista que pedir justicia o exigir el acuse de cuentas nada tiene que ver la misma sociedad que por un lado prende velas y por el otro, se ve obligada a lanzar improperios.
El furor social no se apaga con la quema de oficinas, con la destrucción de puertas o con exhibir a personajes encumbrados de la vida política mexicana que no fueron partícipes directos de los hechos, no debe existir la locura basada en la locura porque luego entonces todo sería eso… otra locura.
Qué caso tiene dañar una sociedad que apoya la causa, qué caso tiene poner de espaldas a una población que también pide justicia, no se vale denostar las instituciones cuando es por ese canal que las cosas debieran resolverse. Las manifestaciones de dolor ciudadano nunca deben ventilarse provocando más dolor e indignación, porque entonces se puede caer en lo que tanto se ataca o se critica con justa razón.
A todas luces apreciamos que el gobierno federal actuó tardíamente, que no tiene la capacidad de actuar con inteligencia y con sensibilidad, de que tampoco vive inmaculado como quieren hacer creer; pues entonces ahí está parte de la respuesta, hubo autores materiales de lo sucedido, pero también existió omisión y torpeza, por lo tanto, no es irracional exigir cambio en la estructura gubernamental en la esfera nacional, porque con todo que se busca, y seguirán buscándose, un conjunto de pretextos y de prácticas dilatorias es increíble que el vendaval de lo admisible no logre alcanzarlos.
Peña Nieto ha ofrecido todos los recursos para llegar a la conclusión de la justicia, ha ofrecido todos los medios para llegar al fondo de las cosas, aunque lo ha manejado a larga distancia, porque ante lo presenciado es increíble que anhele corregirlo a control remoto porque está ausente del país. Luego entonces, si de verdad está en ese plan o en esa tesitura, deberá poner orden con los responsables del área de gobierno y de la procuración de la justicia, es necesario sacudirse a aquellos que teniendo la función de ser precavidos y capaces, de atacar y de contrarrestar la delincuencia organizada sólo tengan la capacidad para escavar fosas en busca de restos humanos, pero más increíble es que dichas fosas se cuenten por decenas, dejando en el olvido a muchos asesinados perdidos en el anonimato.
Por lo tanto, se vale reclamar justicia, se vale exigir orden, como lo han exigido de manera especial organizaciones sociales, clubes deportivos, universidades extranjeras públicas y privadas, partidos políticos y hasta el propio Papa Francisco I lamentando esta muestra de barbarie injustificada. Todos los argumentos son válidos, pero no los argumentos basados en la barbarie. Y que conste, no sólo hablamos de Michoacán sino de varios puntos de la nación.
Ahora bien, hasta para luchar hay que ser inteligentes, ¿para qué violentar una demanda que aparte de ser justa es necesaria? ¿Por qué permitir que grupos de radicales se inmiscuyan en lo que es un reclamo honesto? ¿Acaso el gobierno no tiene golpeadores disfrazados de pueblo para demeritar un movimiento sano y legítimo a todas luces? Si fuera así, habrá de erradicar a todo aquel que no tiene el sentido de identidad y que son bautizados como anarquistas, pagados por el mismo gobierno en el poder.
Habrá de exigirse justicia en el orden legítimo que sustenta a las propias autoridades, no debe caerse en la provocación o en la irracionalidad, porque suele ocurrir que aquellos que hablan de paz, de respeto, de tolerancia, se convierten en lo que tanto escupen y vomitan. La justicia, en todos lados, aún en la masacre de Guerrero, se combate con respeto y dignidad, aunque en ocasiones pareciera que no se encuentra otra salida, menos cuando en ella inciden motivos personales o políticos. Aún así, no se vale deteriorar un movimiento honorable en un movimiento detestable. Habremos de hacer caso de lo que expresó Marlene Dietrich: “La libertad es la madre de todos los bienes cuando va acompañada de la justicia”… Vayamos por ese camino.

Sobre el autor
Nació en Zinapécuaro Michoacán (1961) Profesor de Educación primaria (E.N.V.F.); Licenciado en Ciencias Naturales (E.N.S.M.); Maestría en Investigación Educativa y Docencia Superior (IMCED). Excatedrático y exdirector de la Normal Rural de Tiripetío; Ex director y excatedrático de la Escuela Normal Urbana Federal, catedrático del IMCED. Diplomado en Administración de Escuelas Superiores (IPN)
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