Ismael Acosta García
¡Bah!, la Iglesia católica
Viernes 7 de Noviembre de 2014
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El domingo 2 de noviembre, la Arquidiócesis Primada de México, a través de su semanario Desde la Fe, lanzó un acre discurso contra “todos” los partidos políticos mexicanos, pero en su texto subsecuente sólo señala a aquel de “la falsa izquierda que ha entregado los peores resultados, -y afirma- ahí tenemos sus víctimas: Michoacán, Zacatecas, y ahora Guerrero y Morelos, territorios donde la izquierda corrupta, haciendo a un lado sus compromisos sociales, se ha distinguido por la total ineficiencia y, lo más grave, por sus alianzas con grupos criminales, sea por impotencia o por conveniencia”.
Tratándose de las cuatro entidades federativas que señala el semanario en cuestión, queda claro que se refiere al partido del sol acromático, afirmación sobre la cual no discrepamos al calificarlo de “falsa izquierda”, mayormente si se refiere a los gobiernos surgidos bajo la dirigencia que ha sido asaltada por la tribu Nueva Izquierda y sus alfiles de Alternativa Democrática Nacional y Foro Nuevo Sol, pero preciso es aclarar que tomaríamos distancia en señalarlos a todos de “corruptos” pues ese rasero, sin razón de por medio, tiene sus asegunes.
Dicho panfleto de desinformación y deformación católica, en su editorial del Día de Muertos, deja ver cuál es la verdadera calaña de la que se alimenta la Arquidiócesis confiada al cardenal Norberto Rivera Carrera, puesto que si la revista en comento es la voz oficial de esa entidad eclesiástica, es de obvia razón endosarle a él su autoría intelectual, o por lo menos su validación, dado que es su máximo dirigente.
En apariencia se delata una sentida preocupación por la “profunda crisis provocada por la desigualdad social, la corrupción, la muy deficiente educación y la ausencia de valores”, y otras agravantes económicas y de seguridad social que tienen al 50 por ciento de los mexicanos en los límites de la pobreza y miseria extrema. Quien sea que lea el libelo (para estar a tono con la jerga del derecho canónico), estaría totalmente de acuerdo con la visión crítica de la Iglesia, mas su verdadera y perversa intención se desnuda en los últimos párrafos del pasquín en mención cuando sin rubor alguno arremete sólo contra los gobiernos que han surgido de la izquierda partidista. Como siempre, una institución en decadencia con discurso tramposo, de astucia, cálculo y mentira, tratando de influir en la comunidad católica para sembrar la duda y animadversión contra la izquierda de este país, tal como siempre lo ha hecho desde los púlpitos en los procesos electorales de las últimas décadas. No cabe duda que en su editorial se dibuja claramente la ontología del lenguaje que lleva implícito el mensaje. Subyace en la comprensión del texto su verdadera forma de ser, puesto que “toda acción y todo decir, denuncia la interpretación de lo que significa ser humano” (Heidegger y Daesin).
Ya en anteriores entregas hemos definido con claridad nuestra posición y criterio con relación al pseudo “partido de la izquierda” (el de Los Chuchos y aliados entreguistas, con respeto y reconocimiento a las demás expresiones) que de manera infamante y oprobiosa se ha exhibido en los acontecimientos de Iguala y Ayotzinapa. No estamos aquí para defenderlo ni mucho menos para defender lo indefendible; pero de eso a convalidar lo que afirma la Arquidiócesis de México, es un atrevimiento descomunal. Hay que recordarle al cardenal Rivera Carrera, denunciado por solapar a pederastas , que los cárteles mexicanos no se crearon hace 20 años, sino dentro de los 70 en que gobernó el partido único de Estado; hay que recordarle que el fortalecimiento de los mismos a través del reconocido fenómeno de la colombianización y los narcogobiernos se dieron durante los dos periodos de administración del partido de derecha catolizado de sus preferencias; hay que recordarle que las relaciones entre narcotraficantes y gobernantes no son privativas de los gobiernos de izquierda, sino de las jerarquías católicas que los recibieron en la Nunciatura Apostólica en diciembre de 1993 y enero de 1994 para confesarlos, en la persona misma de los hermanos Arellano Félix y Girolamo Prigione, nuncio apostólico de la Santa Sede en México, ¡porque también ellos son hijos de Dios!, ¡válgame Dios, diríase!
Todas estas porquerías de las que hoy se quejan los jerarcas católicos fueron prohijadas por ellos mismos y los gobiernos federales priistas y panistas. No es de olvidar el ilegal y antipatriótico papel que jugó entonces el procurador Jorge Carpizo, quien en todo momento y bajo esa investidura estuvo al tanto de las comparecencias de los Arellano Félix en la Nunciatura Apostólica y a lo que años después y en una entrevista que le hizo el periodista José Contreras (Nacional, 28/05/2002) donde le cuestionó por qué no los había detenido y si estaba consciente de que el no hacerlo a pesar de que los tenía ubicados en la Nunciatura, era una omisión que sancionan las leyes penales, Carpizo respondió: \"Lo he dicho muchas veces; nadie está obligado a lo imposible. En cinco minutos no se podía preparar un operativo de esa naturaleza. No se podía allanar la sede de una Embajada, como es la de El Vaticano”. Esto, señor cardenal Rivera, sí es un gravísimo acto de corrupción y evidente violación al Estado de Derecho, y en eso, señor, estuvieron coludidos la jerarquía eclesiástica que usted representa y el gobierno priista de entonces.
¿De dónde nos sale ahora el clero católico como el nuevo defensor de las causas sociales y desfacedor de agravios? Si Cristo viviera, ya se hubiera muerto de nuevo al ver la conducta de los nuevos fariseos. “Mi casa, -dijo el Maestro- casa de oración será llamada; mas vosotros cueva de ladrones la habéis hecho” (Mateo 21:13. Biblia jubileo 2000). No cabe duda que con su cinismo manifiesto la Arquidiócesis Primada de México entra en la rebatinga carroñera para llevar agua a su molino, en los momentos en que una sociedad agraviada sufre las más lacerantes consecuencias de un hecho verdaderamente cruento.
Cómo nos hacen falta pastores de la talla de Otilio Montaño, Juan XXIII, Rubén Jaramillo, Camilo Torres, Méndez Arceo, Ismael Acosta Guzmán y Samuel Ruiz; o los actuales Gustavo Gutiérrez (peruano), Leonardo Boff (brasileño), Fernando Cardenal (nicaragüense), Porfirio Miranda, Felipe Arizmendi, Enrique Díaz, Raúl Vera López, Miguel Concha, Alejandro Solalinde (mexicanos), y otros evangélicos como Rubem Alvez, Elsa Tamez, Richard Shaull y José Miguel Torres, que desde la óptica del ecumenismo y a partir del Concilio Vaticano II y la Conferencia de Medellín (1968) dieron pie a una nueva visión de la Iglesia a través de la teología de la liberación, tan comprometida con los pobres y tan afín al verdadero mensaje de un cristianismo liberador, hoy tan olvidada por la jerarquía católica mexicana y atinadamente rejuvenecida por el Papa Francisco.
Sigo sin saber qué pensar de la alta jerarquía católica. Si creen en serio que somos idiotas o si se toman muy a pecho la burda comedia que representan en todas las horas de sus días y sus noches, que Dios, en su divina gracia, les conceda el doble de lo que me deseen a mí.

Es cuánto.

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