Ismael Acosta García
El priismo deleznable y el síndrome de Fox
Sábado 1 de Noviembre de 2014
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Existe en la patología clínica un trastorno de la piel denominado enfermedad de Fox-Fordyce, que afecta a las glándulas sudoríparas provocando la obstrucción de las mismas y cuyas ámpulas producen una picazón o prurito que con frecuencia hace difícil conciliar el sueño. Aplicando las bases biológicas darwinianas de la evolución tenemos que, tal enfermedad, bien podemos denominarla en lo social como el síndrome de Fox (pues que al fin cada quien tenemos el derecho de proponer conceptos nuevos), refiriéndonos con ello a la picazón y prurito que causaba en el abrupto presidente de las botas y mente cerril Vicente Fox las acciones u omisiones provenientes de Andrés Manuel López Obrador (AMLO).
Recordemos que para abril de 2005 y luego de una solicitud que presentó la Procuraduría General de la República ante la Cámara de Diputados Federal, Andrés Manuel López Obrador, entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal, fue privado del fuero constitucional que le destituyó de su puesto para enfrentar un juicio penal por supuesto desacato a una orden que mandó suspender la construcción de un camino de acceso a un hospital privado en el predio conocido como El Encino, al poniente de la Ciudad de México. Irónicamente, aquellas acciones de desafuero instrumentadas por el presidente Fox, el PAN, el Partido Verde y una mayoría exultante y cómplice priista que entonces era coordinada en el Congreso por el hoy secretario de Educación, Emilio Chuayffet, no evidenciaban su fortaleza popular, sino su desesperación porque López Obrador era potencialmente el contendiente a la Presidencia de la República más fuerte y mejor posicionado de cualquier partido. (En el Distrito Federal se situaba en un rango de 80 por ciento y en el resto del país por encima del 35 por ciento). En el plano internacional, el foxismo veía derrumbarse la segunda presidencia de Bush Jr. en USA que se había convertido en su más fuerte aliado, además de los triunfos de la izquierda en Sudamérica que le impedían erigirse en el puente de relación entre el gobierno estadounidense y los países del sur del continente, como era su ambición. Sobre este telón de fondo y ante la preferencia manifiesta por el gobernante del Distrito Federal en las encuestas de intención del voto hacia la elección presidencial de 2006, el gobierno federal decidió eliminarlo de la contienda por la vía, supuestamente superada, del uso faccioso de las instituciones y bajo el discurso de la legalidad y la justicia, además de etiquetarlo como enemigo del Estado de Derecho; desde entonces se extiende una sombra de duda sobre la legitimidad de las elecciones de aquella ocasión. Javier Quijano, abogado de la Universidad Iberoamericana y defensor de AMLO, sostuvo siempre y demostró que el caso era eminentemente político, pues el tabasqueño nunca violó la ley ni contrarió el mandato judicial que la derecha con todos sus actores esgrimieron como causal de delito.
Para concluir el contexto recordaré que, en ese entonces, el procurador General de la República era el general Rafael Macedo de la Concha, a quien después se le señaló como protector de Joaquín El Chapo Guzmán, líder del Cártel del Pacífico, “tal como lo reconoció en su momento el general Mario Arturo Acosta Chaparro, quien sostuvo reuniones con El Chapo y distintos capos como Édgar Valdez Villarreal, alias La Barbie, a cargo del grupo criminal llamado Los Negros, así como con Los Zetas, para negociar la incesante ola de violencia que repercutía en las inversiones extranjeras y la imagen del país como uno de los más violentos del mundo”. (José Luis Montenegro. Newsweek en español, 30/10/2014). Macedo de la Concha, también se vio envuelto en los videoescándalos que se orquestaron para sacar del cargo al político tabasqueño. Por otra parte, la licenciada Marisela Morales, en aquel entonces funcionaria de la PGR, responsable directa a cargo del caso de desafuero de López Obrador, luego titular de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO, hoy SEIDO) y de la propia Procuraduría, hoy es investigada por filtración de información a los cárteles de la droga a través de funcionarios de la SIEDO y por el uso indebido y con objetivos personales de testigos protegidos por parte de altos mandos de la PGR.También con denuncia en proceso interpuesta por Javier Herrera, ex comisionado de la Policía Federal, quien luego de cuatro años de prisión quedó absuelto de todo delito en diciembre de 2012, por atreverse a denunciar actos de corrupción e irregularidades en la corporación por parte de Genaro García Luna, secretario de Seguridad Pública federal y otra de las “perlitas” del calderonismo decadente que tanto “prestigio” nos dio en el contexto internacional. Se dice de Marisela Morales que “se tomó la decisión de sacarla del país nombrándola cónsul de México en Milán, para poder hacer una investigación exhaustiva y proteger su integridad” (Germán Canseco, Proceso, 14/09/2013).
Pues bien, este síndrome de Fox, es hoy el síndrome de un priismo trasnochado que con un absoluto desprecio por el dolor humano, dado el caso de los estudiantes muertos y los desaparecidos, no ha encontrado mejor objetivo que pretender endosar a López Obrador las conductas abominables del edil de Iguala y del ex gobernador Ángel Aguirre Rivero. Más allá del infantilismo político de Peña Nieto, de Osorio Chong, de Emilio Gamboa, de Manlio Fabio Beltrones, todos ellos en voz de César Camacho Quiroz, presidente nacional del PRI, nos queda clara su conducta de rapiña carroñera y su grave irresponsabilidad al pretender sacar raja política de un hecho socialmente doloroso. Conductas como la señalada no pueden tomarse más que como ofensas y torpes provocaciones a los dolientes y a la gran masa de ciudadanos que como los normalistas y universitarios mexicanos se han identificado plenamente con el líder político motivo de sus fobias. Esta aberrante campaña sucia (escatológica, diría yo) contra López Obrador, como la calificó Alejandro Encinas, además de pretender evadir la responsabilidad del Estado mexicano, es la evidente preocupación que le causa al PRI la capacidad de convocatoria que sigue teniendo el tabasqueño y que quedó de manifiesto el domingo anterior en el Zócalo de la capital del país.
¡Qué torpeza de Peña Nieto y sus titiriteros partidistas!, lamentablemente ya encontraron una primera respuesta que desde luego no compartimos, pero que advierte los tamaños de lo que puede ser el cobro de facturas de una sociedad agraviada. El día martes pasado en Morelia, como lo fue en el Distrito Federal y en otras ciudades del país, las instalaciones del PRI fueron violentadas por grupos de estudiantes y ciudadanos que no pudieron ser contenidos ni aun por el fuerte operativo policiaco instrumentado para el momento. Con evidente intención y enardecidos, hicieron de los retratos de Peña Nieto su objeto subliminal de destrucción, además de vidrios rotos y pintas alusivas a su manifestación. No satisfechos de ello, siguieron a las instalaciones del PRD, otro partido en putrefacción que ha sido actor principal y directo en los hechos de Iguala y Ayotzinapa. Bien dice el refrán popular: “Quien siembra vientos recoge tempestades”. La segunda respuesta la recibirán, seguramente, el día que el electorado les haga ver en las urnas el desprecio merecido por sus estupideces. De los titiriteros locales, (llámense dirigentes del Comité Directivo Estatal) no hay ni qué hablar; son tan nimios y bisoños en la cosa política, que de verdad dan pena ajena solamente al escuchar algunas de sus “magistrales” declaraciones.
El país no está para maniobras de ese tamaño. Las líneas de investigación diseñadas por los gurús del priismo presentadas a través de su procurador, Murillo Karam, no pueden desviar una responsabilidad que le corresponde al Estado tratando de endosársela a los fantasmas que han traído en su mente en los últimos años. Hoy, el país se encuentra inmerso en una crisis política de proporciones incalculables, y lo peor, sin figuras o personajes políticos que la resuelvan. La inconformidad social vibra y se mueve a lo largo y ancho del país. No es posible que las fuerzas políticas y sus minúsculas dirigencias se muevan en el fango de sus heces de manera tan grotesca, insultante, oprobiosa y cobarde. México merece respeto. Tlatlaya y Ayotzinapa merecen respeto. Acteal y Aguas Blancas merecen respeto. Atenco y Ciudad Hidalgo merecen respeto.
Los perredistas de pseudo izquierda (porque también existen perredistas respetables de verdadera izquierda), deben tomar sus precauciones antes de que la lumbre desatada por los priistas les llegue a los aparejos. En esas condiciones están los chuchos de Carlos Navarrete, los amalios de Silvano Aureoles y los alternativos (ADN) de Carlos Torres Piña.
En fin, tal parece que el síndrome de Fox sigue más vivo que nunca. Y los gobernantes de hoy, como los de ayer, siguen fortaleciendo con sus torpezas a su más acérrimo rival. Bien les queda aquel mensaje de Zorrilla en la voz de Don Juan Tenorio, a propósito de las fechas: “Los muertos que vos matáis gozan de cabal salud”. En tanto, AMLO les repetiría: Los amo desaforadamente.
Es cuánto.

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