Hugo Rangel Vargas
Economía campesina: Economía libertaria
Viernes 31 de Octubre de 2014

(Segunda y última parte)

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A partir de la década de los 80 dio inicio en el mundo un proceso de apertura comercial y de integración y reordenamiento económico que fue denominado neoliberalismo, derivado del cual la interdependencia de las otrora economías nacionales, comenzó a verse influida por fuertes flujos comerciales y financieros que aceleran la expansión del capitalismo como modo de producción dominante.
Esto ha agudizado las tendencias del intercambio desigual que realiza la economía campesina con la lógica de producción capitalista, llevando esta expoliación a una escala mundial. Dos procesos están más o menos claros: el traslado de la concentración de la distribución de los productos primarios a nivel mundial de las grandes procesadoras hacia los corporativos de acopio y comercialización; así como el financiamiento de la producción de materias primas y de productos agrícolas en general. Ambos procesos dan cuenta de la intervención del capital comercial y del capital bancario en la extracción de parte de la ganancia que se transfiere de la economía campesina hacia el capitalismo.
Del crecimiento del poder de los corporativos comerciales en la distribución de las mercancías generadas en el sector rural da cuenta el poderío de lo que es conocido como el ABCD del sector alimentario. Denominado así por las iniciales de las cuatro empresas que concentran el 75 por ciento del comercio mundial de cereales, el oligopolio de ADM, Bunge, Cargill y Dreyfus; extiende su red de negocios de manera horizontal y vertical en amplios sectores de la economía (desde suministro de insumos, almacenamiento, transportes aéreos y marítimos, producción de combustibles, alimentos para animales, productos cárnicos, así como proveeduría de servicios financieros) y en más de medio centenar de países del mundo, con ventas corporativas que en el 2013 alcanzaron los 342.5 mil millones de dólares.
A no dudar, este oligopolio es factor determinante en la fijación de los precios del mercado de los bienes del sector rural, incluidos los producidos por el campesinado, mismos que se encontrarán de manera natural, por debajo del valor que contienen las mercancías del campesino.
Sobre la creciente incidencia de las actividades financieras en el sector productor de alimentos, también habla la especialización del ABCD en estos servicios. La creación de intrincadas divisiones internas de sus corporativos dedicadas al estudio del comportamiento de precios y de la proyección de los mismos, habla de una creciente complejidad del sector. Sin embargo, el que las ganancias del ABCD tiendan al alza justo cuando los precios de las materias primas agrícolas y de los alimentos muestran volatilidad (tal como ocurrió a partir del 2006 con el incremento en los precios de estos bienes), lleva a preguntarse sobre si el fin de esta especialización financiera se encuentra en la cobertura de riesgos o en la especulación.
No obstante que el campesinado padece la sangría parasitaria del capital comercial y del capital bancario y financiero, el doble carácter del campesino, en tanto propietario de los medios de producción y en tanto trabajador, puede ser un factor que desate una energía social capaz de detonar banderas de dignificación del trabajo en la economía en su conjunto.
Marx lo describiría así: “La propiedad privada del trabajador sobre sus medios de producción es la base de la pequeña industria, y ésta, la condición necesaria para el desarrollo de la producción social y de la libre individualidad del propio trabajador (…) y sólo florece donde el trabajador es propietario libre de las condiciones de trabajo manejadas por él mismo: el campesino dueño de la tierra que trabaja”.
El campesinado logrará abrir canales libertarios en la medida en la que se apropie no únicamente de sus medios de producción -tal como ya lo es-, sino en tanto evolucione a una conciencia que le ayude a la creación de un capital social que sirva de base para la apropiación y la formación de instrumentos que suplan las funciones del capital comercial y financiero (organizaciones de productores rurales para compras consolidadas de insumos, canales de comercialización, sociedades financieras, cooperativas de intercambio, etcétera). La no dependencia en relación a la clase capitalista formal, abre paso a estas y otras posibilidades que transformen a la economía campesina en una economía libertaria.

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