Ismael Acosta García
“Los chuchos”, calamidad para el PRD
Jueves 16 de Octubre de 2014
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La tribu Nueva Izquierda y sus aliados se han convertido en una verdadera calamidad para las corrientes de pensamiento y honestos militantes que vieron en el PRD una esperanzadora vertiente de la izquierda en el desarrollo político de México.
Ya hemos dicho en varias ocasiones que una de las enfermedades genéticas con que surgió ese partido, fue precisamente la variedad de grupúsculos políticos sin ideología que merodeaban en todas las latitudes políticas de nuestro país cuando, al llamamiento del Frente Democrático Nacional, vieron la oportunidad de hacerse presentes en la expresión emergente de la sociedad civil que propició aquel fenómeno de la candidatura presidencial de Cárdenas. Luego, en 1989, a la fundación del partido, nadie atendió la formación ideológica de la militancia de manera que le diera una base e identidad homogénea, doctrinalmente hablando, dentro del espectro político del momento. Ni hasta la fecha se ha tenido esa atención de manera programática, han sido algunos intentos, al fin valiosos, los que se han presentado para la formación política de los seguidores del PRD. Por cierto, no hay que olvidar que en política, la ideología es para los partidos como los valores para la sociedad o la familia. Es el sustento o la razón de ser de dichas entidades. Dijeran en mi cantina: es la marca de la casa. En Michoacán, este mérito corresponde al senador Raúl Morón que, contra viento y marea, ha podido sostener su metódica escuela de cuadros como no lo ha hecho su partido entero. Las otras tribus, las del clan de “los chuchos”, se solazan dando qué decir por su actuar veleidoso y pragmático que en nada se asemeja a las corrientes históricas de la izquierda mexicana y, en el mejor de los casos, en pelear rabiosamente las posiciones políticas al interior de su partido que luego les reditúen en cargos de gobierno o de representación popular carentes de todo principio ideológico.
Tal es el caso de la corriente denominada nueva izquierda, así, con minúsculas, que convertida en una socialdemocracia repugnante, reniega de los orígenes históricos y conceptuales de su partido convirtiéndose en quintacolumna triunfante que hoy, a pesar de los verdaderos creyentes y militantes perredistas, se ha ensuciado las posaderas entregándose abyectamente a los intereses del régimen que representa el gobierno contrarreformista de nuestros días.
Pero el problema es mayor, no podemos quedarnos distraidos en esas minucias. Tras las inconstitucionales y antipatrióticas reformas impulsadas por el régimen peñista que el perredismo de los “chuchos” y los “amalios” aprobaron inicialmente a través del “pacto por México”, hoy se hace evidente otra espeluznante realidad que muchos se negaban a aceptar. Lo denuncia de manera contundente el artista José Hernández, caricaturista de La Jornada, en su cartón publicado el 9 de octubre pasado, poniendo en voz de Carlos Navarrete la siguiente leyenda: “En el PRD hemos mejorado mucho: antes poníamos los muertos, ahora ponemos a los asesinos”.
A estas alturas ha quedado claro para la ciudadanía, independientemente de los resultados formales que arroje la investigación, que los verdaderos asesinos del acto genocida implementado contra los normalistas de Ayotzinapa, fue ideado y ejecutado por ordas salvajes al servicio de distinguidos gobernantes perredistas pertenecientes a la tribu “nueva izquierda” Sí, a la tribu que se ha apoderado de la dirigencia nacional del PRD, a la que pertenecen connotados quintacolumnas como Jesús Ortega, Jesús Zambrano, Graco Ramírez, Guadalupe Acosta, René Arce, Carlos Sotelo, Carlos Navarrete y algunos camaleónicos michoacanos de triste memoria que hoy se razgan las vestiduras, a los cuáles se han aliado otras tribus como la de Foro Nuevo Sol, encabezada por Amalia García, Silvano Aureoles y Claudia Corichi (ex senadora, hija de Amalia) y Alternativa Democrática Nacional, bajo la dirigencia de Héctor Bautista López, secretario general del PRD nacional, tribu a la que pertenece Carlos Torres Piña, dirigente estatal perredista. Bueno, pues a toda esta bonita familia es a quien hay que llamar a cuentas en toda la nación; sus tropelías y asalto a la dirigencia nacional han hecho que su partido quede en “verdadera deuda moral y ética” ante México y el mundo, como bien lo reconoció Bautista. No basta con tragicómicas comparecencias en el lugar de los hechos para pedir perdón, como lo hizo Navarrete. Más le hubiera valido no hacerlo, pues, con ello, levantó el encono de tirios y troyanos, y hasta de aquellos que, ostentándose de izquierda, desde las sombras de la anarquía y el anonimato agredieron a Cuauhtémoc Cárdenas en la manifestación celebrada el 8 de octubre en el Zocalo de la Ciudad de México y quien, inmerecidamente, fue quien pagó los platos rotos de una dirigencia perredista pusilánime y sin principios.
Hay que decirlo con todas sus letras: José Luis Abarca Velázquez, alcalde de Iguala, es miembro de nueva izquierda, como también lo son su esposa María Ángeles Pineda Villa, consejera nacional del PRD por esa vertiente; y Ángel Aguirre Rivero, gobernador de Guerrero, y solapador principal del munícipe asesino de estudiantes y de compañeros perredistas, tal como lo denunciaron en su momento destacadas figuras nacionales de ese partido.
Pues bien, estas conductas el pueblo las detesta. El electorado ha aprendido a cobrar facturas y de ello ha dado nítidas muestras en los procesos eleccionarios del pasado reciente. Será momento de que el PRD, si de verdad cree rescatar para sí las posiciones de gobierno en Michoacán, se ponga a pensar sobre la losa moral con que cargan algunos de sus precandidatos y comience por lavar las inmundicias humanas que le lastran, luego de la triste jornada guerrerense. Requiere candidatos que vengan libres del pecado original; o sea, que no tengan nada qué ver con relaciones peligrosas y que nada tengan que ver con las tribus que han quedado plenamente involucradas, por acción u omisión, en los tristes sucesos de Iguala.
Al fin, los electores sabremos distinguir entre los candidatos entreguistas de la supuesta “izquierda”, o las alternativas que nos da la nueva baraja electoral.
Es cuanto.

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