Ismael Acosta García
La sociedad civil en el contexto del México actual
Sábado 27 de Septiembre de 2014
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Motiva el presente artículo la conducta ejemplar asumida por la reconocida activista y luchadora social Cristina Cortés Carrillo, recipiendaria de la Presea Generalísimo Morelos en el año 2009, al renunciar, en la primera sesión, al Consejo Económico y Social del Estado de Michoacán, argumentando que dicho consejo “será un organismo a modo de los intereses del gobierno en turno al pervertir la convocatoria emitida para su conformación”, dando amplia y fundada razón de su dicho. Mi reconocimiento a esa calidad ciudadana.
Introducción.- La pérdida de las ideologías, el avance del neoliberalismo que constriñe a los estados nacionales y el fracaso de los partidos políticos, reivindican de nueva cuenta la vigencia de la sociedad civil organizada. Mencionarla de manera elogiosa se convierte en un referente obligado del discurso político contemporáneo. Abundan los reclamos sociales y esto se interpreta como el renacimiento de la “sociedad civil”.
Cada persona o grupo la interpreta para sus propios intereses. Hoy mismo, cuando los empresarios critican al Estado por intervenir en la economía, lo hacen, según ellos, a nombre de la sociedad civil. Cuando los desposeídos impugnan la acción estatal por representar los intereses de los grupos poderosos, lo hacen a nombre de la sociedad civil. Ejemplos tenemos muchos: el Acuerdo de Chapultepec, que mejor dicho debió haber sido “el pacto Slim”; las marchas por la paz convocadas por México Unido contra la Delincuencia, y otro tipo de acciones organizadas por asociaciones “civiles” de influencia clérigo-empresarial con evidentes tendencias regresivas. Por otro lado, grupos de fuerza argumentando la defensa de los derechos del pueblo y de los trabajadores “en nombre de la sociedad civil”, lesionan los derechos de terceros provocando, como en el caso de Oaxaca, que en los últimos cinco años se hayan perdido en conjunto más de 43 mil empleos. Como podemos apreciar, la vaga noción de “lo civil” se ha generalizado y adopta el tono de una ideología cuyos usos dispares indican que su contenido no es muy claro y, por lo tanto, se vuelve fácilmente reciclable para quienes ejercen condiciones de poder.
Conceptualización.- Sin el ánimo de teorizar en el concepto puesto que no es el objetivo de este artículo ni el momento propicio para hacerlo, sí debemos distinguir por lo menos tres aspectos: 1) Si en su origen, el concepto de sociedad civil se refería al ámbito de los intereses privados (Hegel), hoy tiende a definirse como el ámbito organizado de la vida social que es voluntario, autosostenido, autónomo del Estado y regido por un orden legal o un conjunto de reglas compartidas. Implica entonces un conjunto de acciones colectivas de los ciudadanos en la esfera pública frente a la estructura del Estado, pero no precisamente para oponerlo, sino para ser un instrumento adicional para la contención del poder estatal. 2) Otro elemento en la interpretación del concepto lo es la corriente perversa de la sociedad civil, entendida como aquella que incurre en la intención de adjudicarse la representación de la comunidad para cuestionar el carácter representativo y legítimo de las instituciones. Esta posición no tiene características de organización, no propone, no crea, sino que impone, es intolerante, y sus compromisos las más de las veces son negociados por intereses individuales o de grupo muy lejanos al interés de la colectividad. 3) La emergencia de la sociedad civil organizada de hoy es, precisamente, la expresión de una crisis de representación de “lo civil”, de “lo ciudadano”, por las instituciones políticas; (léase: partidos políticos). Es el surgimiento de una nueva ciudadanía que aspira a involucrarse en los asuntos y causas públicas que tienen qué ver con lo económico, cultural, educativo, seguridad, información, representación de intereses, de desarrollo y otras temáticas. Entonces, no podemos negar, y de ello debemos sentirnos orgullosos, que las organizaciones de la sociedad civil actuantes en la vida nacional de este momento, estamos íntimamente vinculados en las tareas de transformación Del estado mexicano, como una fuerza fundamental en el impulso, construcción y consolidación de un régimen democrático participativo, solidario, equitativo y verdaderamente representativo de las causas populares.
El estado actual.- En México es referencia obligada hablar de la “emergencia de la sociedad civil organizada” y su importante contribución a la transformación democrática del régimen tradicional de ocho décadas que lamentablemente no vio un cambio sustancial en los últimos dos periodos de gobierno. La evidencia ha sido que, por la forma y circunstancias en que ha tenido lugar este surgimiento y lejos de impulsar la participación y la organización efectiva de avance democrático en conjunción con el Estado, se han abierto las brechas entre lo que éste representa y lo que son los intereses colectivos que demanda la sociedad, polarizando de manera dramática la consecución de los fines de lo civil.

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