Hugo Rangel Vargas
“La Tuta” y la mano que lava a la otra
Viernes 26 de Septiembre de 2014
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De cualquier punto de vista del que se le quiera contemplar, la andanada de grabaciones que ha fluido ante los medios de comunicación en los meses recientes y en los que se han exhibido los encuentros de políticos, empresarios y periodistas con el líder de Los Caballeros Templarios, Servando Gómez Martínez, resulta un fenómeno digno de análisis de los estudiosos del poder.
Lectura inexorable de quienes ven en la política una ciencia que describe y disecciona las relaciones de poder más allá de la aspiración estética del “debe ser”; El príncipe, de Nicolás Maquiavelo (con los añadidos al pie de página que elabora Napoleón Bonaparte), es un buen tamiz para, sin aspirar a determinar verdades o afirmaciones incuestionables, decantar algunos cuestionamientos y aristas sobre las motivaciones del capo michoacano y el actuar del gobierno mexicano.
La primera certeza a la que se debe anclar el análisis es que Servando Gómez se encuentra en pleno goce de su libertad, aun cuando el gobierno mexicano demostrado capacidades plenas, en términos logísticos, a través de la extinción de buena parte de la cúpula de la estructura del cártel que él dirige; e incluso en las detenciones en diversos momentos de los líderes de las autodefensas que combatieron al grupo criminal ya citado. Sin embargo, la embestida y captura del capo por parte del gobierno mexicano se ha pospuesto (aunque no necesariamente de manera intencionada), situación que según el político florentino, redundaría en provecho ajeno.
Estando libre, resultaría verosímil que las filtraciones de los videos hayan procedido de parte del mismo capo en un acto de exhibición de poder y como vendetta por la aniquilación de su estructura criminal. Pero, tal y como lo ha declarado el comisionado nacional de Seguridad, “La Tuta” se encuentra a salto de mata, por lo que su capacidad de operación para difundir dichas grabaciones podría estar mermada y la lógica en la que han sido difundidas no tiene el tinte azaroso del coraje de una reyerta.
Por lo anterior es que cobra vigencia la aseveración de Maquiavelo en relación a la posibilidad velada de que la filtración de las grabaciones comentadas haya procedido de “fuentes anónimas” y “sin una lógica premeditada”. “El natural de los pueblos es variable, fácil es hacerles creer una cosa, pero difícil hacerles persistir en su creencia”, anota el italiano.
¿Cuál sería el fin (o manteniendo la referencia de Maquiavelo: “La razón de Estado”) de quien al parecer está administrando la difusión de estas grabaciones? De ser el propio capo, la respuesta es su sobrevivencia; de encontrarse en otro lado la respuesta, ésta es oscura. Pero el método seguirá prevaleciendo para quien quiera que sea y que ya tiene firmes y claras sus finalidades; tal como lo anota Napoleón Bonaparte en la obra del florentino: “¿Qué importa el camino que se sigue con tal que se llegue al término deseado? Se comete una falta al hacer de moralista en semejante materia”.
Sin embargo, el método de la exhibición pública de estas grabaciones ha abusado de la crueldad, más allá de los fines que se persigan con ello y de la deshonestidad con la que probablemente actuaron quienes protagonizaron los encuentros con Servando Gómez. “Los actos de severidad mal usados son aquellos que, pocos al principio, van aumentándose día a día, en vez de disminuirse y de atenerse a su primitiva finalidad”, se señala en El príncipe.
Pero algo queda claro, todos han cedido en esta historia de grabaciones y exhibicionismo: “La Tuta”, que ha puesto en manos de otro los anquilosados testimonios video gráficos; y la mano de quien los recibe y cede al criminal algo que puede ir desde el simple placer de la venganza hasta otras prebendas. De tales concesiones habla el propio Napoleón Bonaparte en sus notas a El príncipe y las refiere a 1801 con la firma del Concordato de Francia con la Santa Sede “como en otras partes y hoy como entonces, una mano lava a la otra y esto permite nuevos éxitos”. Un video lava el otro, un nuevo escándalo lava el otro; sin saber aun lo que esto permite.

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