Gilberto Vivanco González
Vivilladas
Futbol… Grupo Salinas, el culpable
Jueves 28 de Agosto de 2014
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En tanto el equipo de futbol Monarcas Morelia se hunde más y más en el porcentual rumbo al descenso, los dueños del equipo, encabezados por Salinas Pliego, del Grupo Salinas, se frotan las manos por las ganancias que obtendrán de la venta de la franquicia, del capital económico que han logrado obtener por la venta de sus mejores jugadores y por la mínima inversión, que en especial hicieron en esta temporada, para adquirir los “refuerzos” que tienen al conjunto michoacano en el último lugar de la tabla general del torneo actual de Primera División.
La estrategia de vender jugadores al mejor postor no es exclusiva de los también propietarios de tiendas Elektra y del Banco Azteca, pues esto es una práctica común en el balompié profesional, la diferencia es que, en tanto unos venden para invertir en buenos y reconocidos jugadores, según posibilidades, aquí lo hacen vendiendo bien y comprando poco en forma descarada, elevando considerablemente sus ganancias sin importarles resultados deportivos, práctica que en otras ocasiones les ha dado resultados positivos, pero ahora tiene sumido al equipo en un tobogán que cuando bien les vaya podrán mantener al conjunto en la división de honor; aunque dicha situación poco les interesa porque tienen en el Atlas su juguete preferido.
Es indignante constatar el manejo descarado que han hecho del equipo Monarcas, lo cual no es raro ya que al adquirir al conjunto rojinegro que juega en el Estadio Jalisco, le apuestan todas las canicas a este grupo y desmantelaron al michoacano porque a final de temporada tendrán que vender alguno de estos equipos y sus propios directivos señalaron, sin el menor sentido de ética, que se desprenderían del Morelia, por el tema de la multipropiedad según ya no permitida... mientras tanto, que el equipo local se la pase arrastrando la cobija y la afición derramando bilis a más no poder.
Nadie se traga el anzuelo del famoso proyecto para impulsar a jóvenes futbolistas, que sin duda tienen derecho a sobresalir y son los menos culpables. No es casual que jugadores como Montero, Aldo Leao, Héctor Mancilla, el zinapecuarense Enrique Pérez, Federico Vilar y el uruguayo Higinio Arévalo, hayan emigrado a otros equipos, principalmente al Atlas, y hayan dejado al Monarcas con una pléyade de novatos, que si bien, le han puesto garra no tienen la capacidad suficiente para echarse al hombro al conjunto local, mucho menos cuando ni uno de los jugadores extranjeros contratados es de reconocida calidad. Insistimos, ninguno de ellos tiene culpa de los atroces manejos del Grupo Salinas.
Los propietarios monarcas han sacado jugo de su trastocada inversión en Michoacán, no sólo por lo que obtienen del negocio futbolero como tal, sino que además reciben apoyos estatales y municipales bajo la amenaza de llevarse al equipo a otra plaza, porque según en otros lados recibirían más y mejores incentivos; o sea, que estos abusivos, sacan ventaja de todos lados, porque tienen el plus de contar con su propia televisora, promueven sus propios productos, tienen sus patrocinadores, ganan sumas millonarias por la venta de cerveza y todavía reciben ayuda oficial. De plano tienen la mesa puesta, pero son tan timoratos que no tienen ética alguna ni consideración, muerden la mano de quien les da de comer, por supuesto en sentido figurado.
No obstante, los únicos culpables no son los dueños del equipo purépecha, también hay cierta responsabilidad de los directivos de la Federación Mexicana de Futbol, que permitieron la adquisición de un conjunto más a Grupo Azteca cuando ya no es legal contar con más de un equipo en cada una de las categorías y cuando la misma FIFA ha denostado dicha práctica, pero como en México primero son los intereses de los poderosos, lo demás sale sobrando. Muy parecido es el caso de los conjuntos León y Pachuca, donde la familia Martínez y Carlos Slim han hecho lo que se les antoja, aunque, en relación al tema deportivo les ha ido mucho mejor para beneficio de ellos y de sus propios aficionados.
Es muy probable que en el transcurso del torneo el equipo de la franja roja vaya dando una de cal por dos de arena y que por lo tanto, escale algunas posiciones en la tabla general, pero también es probable que su experimento deje en la cuerda floja al grupo de casa y en serio riesgo de descenso pues de encontrarse en las primeras posiciones de la porcentual para el no descenso ahora está a media tabla y con otros conjuntos al acecho de su inconsistencia e ineficacia.
Ante el poderío de uno de los señores más ricos de México, como lo es Salinas Pliego, poco se puede hacer, está acostumbrado a la impunidad y al agiotismo, demuele sin misericordia a un equipo para dar prioridad a otro y lo hace con toda la desfachatez del mundo, al rato se quedará con el Atlas, armado hasta los dientes y botará a un equipo Monarcas que lo dejará con las alas rotas y la moral por los suelos.
De todo esto pudiera existir algo positivo: que Morelia sea adquirido por inversionistas locales, como pudieran ser los hermanos Ramírez, propietarios de Cinépolis o el propio Francisco Medina, creador del emporio automotriz; quizá ellos, o algunos otros, tengan el orgullo y la responsabilidad de enderezar la nave monarca, de hacer valer sus colores y de regresarle sus motes clásicos de ates o canarios que tan orgullosamente portaron en décadas de profesionalismo.
Por lo pronto la afición estará con el Jesús en la boca, en espera de que el equipo Monarcas haga un esfuerzo sobrehumano y salga avante en el torneo, por lo menos que le permita mantener la categoría. De dos cosas estamos seguros: primera, por muy malos que sean los resultados no van a despedir al técnico Ángel David Comizzo porque les sigue el juego a los dueños (claro, mientras él gane dinero) y, segunda, Grupo Azteca acrecentará sus finanzas con la venta del Morelia, un Morelia que está pagando con creces el haber sido adquirido por empresarios que se han convertido en auténticos mercenarios del balompié. Ni modo, ahora entendemos a Montesquieu cuando expresó: “El deporte gusta porque halaga la avaricia, es decir, la esperanza de poseer más”… ¡Y más y más!

Sobre el autor
Nació en Zinapécuaro Michoacán (1961) Profesor de Educación primaria (E.N.V.F.); Licenciado en Ciencias Naturales (E.N.S.M.); Maestría en Investigación Educativa y Docencia Superior (IMCED). Excatedrático y exdirector de la Normal Rural de Tiripetío; Ex director y excatedrático de la Escuela Normal Urbana Federal, catedrático del IMCED. Diplomado en Administración de Escuelas Superiores (IPN)
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