Ismael Acosta García
Silvano Aureoles, el principio del fin
Sábado 16 de Agosto de 2014
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Existen normas no escritas que deben respetarse siempre, más aún cuando quienes están en el contexto de ellas se mueven en la arena política de cualquier latitud del mundo. También es cierto que la única conducta que en política no se perdona es la deslealtad. Y viene esto a cuento por la infantil conducta asumida el pasado fin de semana por el diputado perredista Silvano Aureoles Conejo, quien sin necesidad alguna de exhibirse, se fue con todo contra la esfinge de ese partido, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, viable candidato a conseguir de nueva cuenta la dirigencia nacional del partido que él creó, aún antes de que algunos de sus opositores nacieran, políticamente hablando.
Es indiscutible que Cuauhtémoc Cárdenas es y será siempre la figura mítica y respetable del partido que aglutinó en 1989 a casi todas las expresiones de izquierda del momento. No vale -en el lenguaje martiano- verle manchas al sol cuando lo importante es distinguir la luz que irradia. De esa manera, ante tirios y troyanos, ante izquierdistas y no izquierdistas, ante mexicanos y no mexicanos y ante quién sea que tenga una mínima idea de lo que es el contexto político de nuestro país, el ingeniero Cárdenas representa la máxima autoridad moral con que cuenta esa expresión de la izquierda mexicana. Y así lo han reconocido todos los líderes de las diversas fuerzas políticas de esta y otras naciones de América y Europa misma, especialmente Francia y España, simplemente por su invaluable aporte a la democracia. Tratar de pegarle a él es cosa infame e inaudita; es, dijera el mensaje bíblico, como querer dar coces contra el aguijón. Y más tratándose de que el alevoso es un chico malcriado de la casa.
Me explico, alevoso es aquel que comete una ofensa o delito en circunstancias agravantes de la responsabilidad. Es obrar a traición y sobre seguro del daño que se pueda hacer, como es el caso, puesto que la descalificación de Aureoles contra Cárdenas la hizo en una entrevista ante El Universal, y en su carácter de diputado coordinador parlamentario de su partido, y no en una palestra partidista y como simple militante a que obligan las buenas formas. Pero bueno, de esto Silvano no sabe nada, pues su paso por la coordinación del grupo parlamentario del PRD en la Cámara Baja lo dibuja como un hombre sin honra, sin crédito, sin estimación, al olvidar los postulados ideológicos de su partido para plegarse a conductas pragmáticas y supinas en el Pacto por México y la aprobación de las reformas Educativa, Fiscal y Energética que impulsa el gobierno retrógrada de Peña Nieto.
Aún más allá, Aureoles afirmó de manera contundente que el mejor candidato para la dirigencia nacional del PRD lo era Carlos Navarrete. No tenemos nada contra el guanajuatense, mucho menos quienes no pertenecemos ni a su partido ni a ningún otro, pero que no nos venga el de Carácuaro a decir que la conducta de Navarrete y la de Los Chuchos ha sido en defensa de la nación, cuando que su posición bien clara es la de colaboracionistas a los intereses del cártel en el poder.
Podemos afirmar desde ahora que esta ha sido la gota que derramó el vaso, y quizás el Waterloo, en la perspectiva de Silvano para candidatearse al gobierno de Michoacán por el PRD en 2015. Es más, suponiendo que Cárdenas no llegue a la Presidencia Nacional de su partido y que el desparpajado diputado con el apoyo de Los Chuchos logre la candidatura para el proceso eleccionario en mención, desde hoy apostamos a que irá solo, quizá con un pequeño séquito de seguidores como Carlos Torres Piña y Pascual Sigala que, para efectos del electorado michoacano, no representan miserablemente nada. Y es que, pregunte usted, estimado lector, a cualquier perredista militante si está de acuerdo o no con el papel desempeñado por Silvano en su encomienda legislativa; se encontrará con una pavorosa respuesta negativa que, desde este momento, le está anunciando al diputado y su partido lo que les espera en un proceso electoral con él como candidato. No nos olvidemos que en el proceso electoral anterior quedó relegado a un lejanísimo tercer lugar en el favor del voto.
Con sus desafortunadas declaraciones del fin de semana pasado, Silvano Aureoles demuestra que no está a la altura de los actores políticos que requiere la izquierda. Y todavía falta por saber cómo es que obtiene los millonarios recursos que, ante los ojos de cualquiera, dilapida y exhibe en cuanto escenario político le es útil. Ya vendrán las cuentas. Ya vendrán las respuestas que como coordinador del grupo parlamentario del PRD en San Lázaro deba entregar aún con toda la opacidad que permea en esos edificios. No es gratuito que ahora también se suba al camión de la basura para lanzar imputaciones contra Ricardo Monreal por las exhibidas que éste les está dando a todas las demás fracciones parlamentarias por decenas de millones de pesos sin justificación que han recibido como premio por sus genuflexas conductas y apátridas acuerdos en lo oscurito.
Seguramente que los otros dos viables prospectos en la lucha perredista para disputar la gubernatura en 2015, a quienes entre paréntesis debemos reconocer su talante ecuánime y sobrio ante este sainete, ya están haciendo fina lectura de lo acontecido, pues sea quien sea de ellos el candidato y si se ponen de acuerdo, contará con una base partidista más cohesionada, será una candidatura más creíble ante la militancia y ante la sociedad y tendrán el apoyo nada despreciable del ingeniero Cárdenas por razones obvias. Además, hay algo que no debemos perder de vista previendo la posibilidad de una coalición entre las izquierdas: si Silvano es el candidato del PRD, ninguna otra expresión de esa ala del espectro político iría con ellos, mucho menos Morena; sin embargo, con Fidel Calderón o Raúl Morón las cosas serían diferentes, pues es bien conocido que ambos tienen tendidas relaciones exitosas con otras expresiones partidistas y, lo más importante, no están peleados con ninguna, ni mucho menos están señalados de mimetizados quintacolumnas y vende patrias, además de que su trabajo político dista mucho de la conducta veleidosa de Silvano.
¿Y qué tal si la esfinge vuelve a obtener la dirigencia nacional de su partido?

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