Ismael Acosta García
El compromiso del liberalismo militante en el siglo XXI Segunda parte
Sábado 9 de Agosto de 2014
A- A A+

En las últimas semanas impartí dos conferencias sobre regímenes políticos en la Escuela de Cuadros de una expresión de la izquierda en Michoacán. Se me laceró el espíritu el escuchar a los participantes quejarse acremente por los acontecimientos políticos del momento y las reformas Educativa, Fiscal y Energética, contra Peña Nieto, la derecha y Estados Unidos. Los asistentes eran individuos cuya formación académica fluía entre el nivel medio superior y el doctorado. Cuánto quise, sin lograrlo, sugerirles que no busquen a los culpables de esta situación entre sus adversarios de clase o de partido; ellos, los de la derecha, han trabajado y construido su victoria sobre la base de sus intereses y sus convicciones de clase capitalista, oligárquica y brutalmente dominante. Hoy ellos han ganado la batalla que, como eficientes hormigas, comenzaron a construir desde el mismo periodo de gobierno del general Lázaro Cárdenas, y cuyo primer triunfo lo obtuvieron al ver en la Presidencia de la República a Manuel Ávila Camacho. Sus pequeños triunfos sucesivos fueron con Miguel Alemán, con López Mateos, en el 68 y en la contrarreforma constitucional impulsada por Salinas de Gortari. Todos ellos son herederos de una misma estirpe colonizadora y vende patrias. Su entrada triunfal fue con Fox en el año 2000, ratificada en los gobiernos apátridas de Felipe de Jesús y Peña Nieto. ¿De qué se quejan ahora los militantes de los partidos políticos de la pseudoizquierda mexicana? ¡Los verdaderos culpables han sido sus “líderes de papel” que, cuando tuvieron en sus manos el triunfo electoral que les dio el pueblo en las urnas, se entregaron por un plato de lentejas por su cobardía, por sus deslealtades, por su falta de talento político, por sus veleidades y por su soberbia! Nunca entendieron que las verdaderas transformaciones y revoluciones sociales se sustentan con la fuerza de las armas. Y hoy son otros quienes las tienen y no dudarán en usarlas en su contra, llegado el caso.
Hablando de liberalismo con el joven del obsequio le confesaba que, a estas alturas de mi sexta década de vida, veía con tristeza haber perdido una vertiente de mi vida inútilmente. ¡Caí engañado por el encanto mítico de la democracia!, ¡democracia, no existes!
Mi ánimo y militancia verdadera debió haber estado en las montañas, en una Logia al amparo de la bóveda celeste en compañía fraternal con Rubén Jaramillo, Genaro Vázquez y Lucio Cabañas; en los surcos, en los valles, en las veredas, en las aguas cristalinas de los lagos y ríos de mi patria; en los pinos, en los oyameles, en los truenos, en los abedules, en los ahuehuetes cantando coros sin fin de colibríes; en las prístinas e inmarcesibles tierras tarahumaras, en los llanos, en los desiertos, en las selvas con los jaguares y los venados de la tierra maya; en la hojarasca que hace danzar bellamente los rayos del sol en las tardes de otoño; junto a los indígenas y campesinos, junto a los obreros, junto a los artistas, junto a los maestros; junto a Campa y Vallejo y sus ferrocarrileros; junto a los petroleros, junto a los electricistas de Rafael Galván; junto a los médicos del 58, junto a los hombres de Ciudad Madera; junto a los Guzmán de Tarejero, junto a los tzeltales, tzotziles y chamulas de Chiapas, junto a los purépechas de Nurío y de Cherán; junto a los autodefensas de Tepalcatepec, de Buenavista, de Aguililla, de Coalcomán, de La Huacana, de Churumuco, de Tancítaro y puntos intermedios; junto a Efrén Capiz, junto a José Cardona Medel, junto a Felipe Peñaloza, junto a José Luis González Carrillo, junto a Manuel Martínez Ocaranza, junto a Pablo González Casanova, junto a Martín Tavira Urióstegui; junto a los verdaderos seguidores de las doctrinas del Cristo, como Sergio Méndez Arceo, Eliecer Moreno Vázquez, Tatic Samuel Ruiz, Felipe Arizmendi, Vera López, Manuel Concha y Solalinde; junto a todos aquellos pueblos, comunidades y personas que si bien creyeron en la democracia, también supieron asumir la decisión suprema de tomar en sus manos la defensa por la libertad de México, la que se ve solamente al través del cañón de un fusil en la hora gloriosa.
Diría José Rubén Romero, liberal de renombre universal, en la palabra de su personaje inmortal Pito Pérez:
“Lego a la humanidad todo el caudal de mi amargura. Para los ricos sedientos de oro, dejo la mierda de mi vida. Para los pobres, por cobardes, mi desprecio, porque no se alzan y lo toman todo en un arranque de suprema justicia. ¡Miserables esclavos de una iglesia que les predica resignación y de un gobierno que les pide sumisión, sin darles nada a cambio!
“¡Libertad, Igualdad, Fraternidad! ¡Que farsa más ridícula! A la Libertad la asesinan todos los que ejercen algún mando; la Igualdad la destruyen con el dinero, y la Fraternidad muere a manos de nuestro despiadado egoísmo…
“El pleito ha sido desigual, lo comprendo; pero del coraje de los humildes surgirá un día el terremoto, y entonces, no quedará piedra sobre piedra.
¡Humanidad pronto cobraré lo que me debes!…”
Cierto, lo dijo Salvador Morales al presentar una de mis obras: somos hombres dolidos por la época y hemos sentido oportuno compartir con quienes amamos nuestra identificación ideológica para llenar parte de esos vacíos que padece la gente sin esperanzas y sin horizontes. Severo Iglesias nos propuso asumir las condiciones de la virtud como espada flamígera y actitud de vida, hoy que la quiebra de los valores va envileciendo a grandes sectores de la sociedad y de nuestros gobiernos.
Pero la lucha no termina, aún hay vida y aún hay tiempo, el sol de la tarde aún brilla en el poniente. Todavía brota una rama de acacia a la vera del camino y mientras ésta exista en alguna parte del mundo, no tenemos el derecho de dormir tranquilos, la patria requiere más actos que palabras. El liberalismo, para serlo, debe ser verdaderamente militante. Los liberales de México deben ser actuantes, operativos, comprometidos, como hoy día lo es José Manuel Mireles Valverde. Es necesario recoger del suelo nuestros despojos y andar de nuevo con ellos como si estuviésemos vivos. Triste el que muere sin haber hecho obra.
Y entonces, al embrujo de las palabras del gran maestro José Martí, y luego de este reconocimiento del tiempo perdido, poder decir: “Estoy en busca de una acción que me redima”.

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

Ernesto Hernández Doblas: Lugar de muertos

Diputados y ediles de MORENA ponen un paso adelante en la agenda estatal.

Las nimiedades de Medardo Serna

Morelia, un gabinete sin color moreno

Congreso extraordinario en Morena

Las Delegaciones federales de programas integrales de desarrollo, van.

Roberto Pantoja Arzola, coordinador de programas federales para Michoacán.

El tsunami del 2018

Política educativa. Una visión desde la izquierda

Plataforma digital para el empleo

Procuración de justicia en la propuesta de la izquierda.

Blanca Piña, candidata al Senado.

Carlos Slim, al ring del oprobio político

Los graves costos de la corrupción en México

Cristóbal Arias Solís, en plan maestro.

Propuesta educativa de la izquierda para 2018-2024

México, un Estado pretoriano

Las hienas se desatan

Corrupción y austeridad republicana en el proyecto de López Obrador

Los pactos de civilidad y la carabina de Ambrosio

Generosidad, señora María de la Luz, ante todo

Discurso aberrante y ramplón el del 18 de marzo

Relaciones Estado–Iglesia en México

Sus implicaciones en la relación Estado-Iglesia en México

Estado, Iglesia, empresariado

Talía Coria y Raúl Morón

Mario Vázquez Raña

Morena es la opción

Y, ¿qué tal una mujer?

Melchor Ocampo, reformador

Del ciudadano y los valores cívicos

El castillo del virrey Alfredo se derrumba

Adrián Huerta, ¿candidato priista?

¡Que revisen los cuarteles!

PRD, crónica de una muerte anunciada

Peña Nieto y Silvano Aureoles. Vidas paralelas

¡Bah!, la Iglesia católica

El priismo deleznable y el síndrome de Fox

Ya no hay palabras, sólo indignación e impotencia

“Los chuchos”, calamidad para el PRD

Pacto de civilidad, ¿por qué?, ¿para qué?

La sociedad civil en el contexto del México actual

Morena, una perspectiva sociológica desde la teoría general de los partidos políticos

Una conversación del 11 de septiembre

Silvano Aureoles, el principio del fin

El compromiso del liberalismo militante en el siglo XXI Segunda parte

El compromiso del liberalismo militante en el siglo XXI

Cotidianidades