Hugo Rangel Vargas
FVF: El riesgo de los ciegos y los sordos
Jueves 31 de Julio de 2014
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El escándalo se ha convertido en la constante de la desprestigiada clase política priista en Michoacán, desde los videos con delincuentes, pasando por las grabaciones de extorsionadores con fuero cobrando los famosos “moches”; el PRI michoacano es hoy una casa de jabonero. A pesar de que la corrupción y la desviación del comportamiento ético es un riesgo latente en el actuar del género humano, el rostro que se presenta frente a estas conductas es en realidad el síntoma del grado de descomposición de determinado grupo social o ser humano, más aún si es que se conocen los efectos de ella y se intentan ocultar tras el cínico velo de la negación.
Y es que cómo olvidar la vehemencia con la que el entonces gobernador, Fausto Vallejo Figueroa, defendió a su vástago Rodrigo ante las acusaciones de la senadora Luisa María Calderón Hinojosa después de que ésta lo acusó, el 30 de octubre del año pasado, de tener vínculos con el crimen organizado. La respuesta de Vallejo Figueroa fue: “Esta mujer está enferma del alma, ya que es miserable lo que está declarando”. Esta cerrazón, defecto de la senil administración vallejista, actuó distorsionando la visión de la realidad del estado, al punto de declarar en plena crisis de inseguridad, que eran sordos y ciegos quienes no reconocieran los logros de su administración.
En la ciencia económica, las asimetrías que provocan que los individuos que toman decisiones posean información privada a la que no tienen acceso los recipiendarios de las consecuencias de dichas determinaciones; son conocidas como riesgo moral. Este concepto, retomado por Kenneth Arrow en la década de 1970 para describir el riesgo de quien deposita sus ahorros en un banco y desconoce a cabalidad la información que poseen los administradores del mismo; describe sin duda lo ocurrido en el vendaval de escándalos en Michoacán en los últimos meses, desórdenes aderezados con la desvergüenza de la negativa.
De la inmoralidad con la que la clase política priista ha administrado el riesgo moral que asumimos los michoacanos en tanto depositarios de los efectos de sus decisiones al frente del poder público, dan cuenta las detenciones y consignaciones de dos operadores de la campaña de Fausto Vallejo, Jesús Reyna y Trinidad Martínez; la videograbación en la que se observa al hijo del entonces gobernador Vallejo departiendo con un reconocido capo y la conversación fluida que sostienen; las acusaciones por corruptelas hacia el diputado federal Ernesto Núñez que al menos exhiben su desatinada labor como gestor en la Cámara Baja; así como el encarcelamiento de los ex alcaldes de Apatzingán y Aguililla, Uriel Chávez y Jesús Cruz, respectivamente, mismos que hacen sospechar que las extrañas relaciones de los operadores estatales del PRI durante la campaña del 2011 tuvieron beneficios colaterales para otros candidatos del tricolor.
Pero la red de administración del riesgo moral y de manejo del poder y de la información en Michoacán parece haber exhibido únicamente la punta de un gigantesco iceberg hasta el momento. Cada grabación y capítulo con el que avanza esta tragicomedia priista trae consigo una nueva delación y otro nodo de la red. Así lo demuestra el reciente episodio protagonizado por Vallejo Mora en el que aparecen como actores incidentales los nombres de otros reconocidos políticos del tricolor.
A Fausto Vallejo, a su hijo Rodrigo, al PRI en general, le restan por dar muchas explicaciones a los michoacanos. Su actuación durante el ejercicio del poder y la sapiencia de las consecuencias de sus actos, no pueden tener otro calificativo que el de alevosía, ventaja artera con la que actúa un defraudador que vende acciones o valores financieros chatarra a precios elevados.
Resta además saber si el riesgo moral no está siendo administrado desde otro espacio de poder. Para ello es preciso que los michoacanos, beneficiarios o perjudicados del actuar de la clase política, conozcamos a cabalidad si no se está manejando la impartición de justicia con una estratagema diferente a la de los tiempos de la ley. De ser así, las asimetrías, condición sine qua non del riesgo moral, seguirán prevaleciendo como un factor de deslegitimación del poder público.
Por lo pronto pareciera cierto el calificativo de sordos y ciegos a quienes disintieron de Fausto Vallejo en su momento. Él, en cambio, pareció actuar con la soltura de quien tiene los oídos y los ojos bien abiertos. Quizá por eso ocultó muchas cosas a costa del riesgo moral de los sordos y los ciegos.

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