Sábado 26 de Julio de 2014
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Las noticias del día son aterradoras. Diez días de bombardeos nutridos sobre la Franja de Gaza. Arguye el padre del imperio que están en persecución de terroristas. Pero los muertos son cientos de niños, “daños colaterales” en la imbécil jerga eufemística de Calderón pues, aiga sido como aiga sido, las baterías artilladas del Estado judío no saben distinguir entre infantes y milicianos.
Y nadie dice nada. El policía del mundo y sus satélites hacen mutis ante las atrocidades que ha decidido emprender el verdadero dueño de su dinero. Hoy nos anuncia que toda oposición le representa un comino y que, mañana, iniciará la verdadera guerra con la invasión de su infantería a la tierra palestina.
Nueve meridianos al oeste, nos dicen que durante el presente año más de 50 mil niños mexicanos y centroamericanos han ingresado a Estados Unidos por la frontera texana huyendo de las atrocidades de guerras intestinas en sus respectivos países. La primera batalla la libraron por llevarse un pan a la boca y, la segunda, para huir de los horrores de bandas criminales que han hecho de las tierras centroamericanas un campo de batalla infernal. “¿Por qué saliste de tu país?” -pregunta un board police al chico salvadoreño de diez años de edad- “Porque allá matan”, responde el inocente, sin saber que el país al que desea llegar ha matado a millones y millones de seres inocentes durante las últimas décadas en todos los rincones de la Tierra.
Más al sur, donde inicia la angostura centroamericana, descubren que una beata zamorana de padres españoles guarecida por todos los auxilios espirituales de la santa Iglesia, tenía 66 años de vejar a miles y miles de niñas, niños y jóvenes que durante ese largo tiempo tuvieron la desdicha de haber caído en las garras de su Gran Familia.
La hebra comienza a desmadejarse. Golpes, vejaciones, privación ilegal de la libertad, trata de personas, explotación laboral y sexual. Tamaña impunidad me recuerda a un santo padre legionario de Cristo oriundo de una población cercana a Zamora.
Más de 600 seres humanos deshumanizados. “Esto no era una cárcel -dice uno de los internos de no más de once años de edad-, era una perrera”; y las imágenes con que dan cuenta de los hechos los medios masivos de comunicación, se quedan cortos ante las declaraciones de los chicos. El hacinamiento y condiciones insalubres sólo se han visto en las fotos de los guetos de concentración nazi contra los judíos. Y esto es en pleno siglo XXI, en una gran ciudad como la zamorana.
De inmediato, Fox, Krause, y otras vedettes intelectuales y religiosos de alto rango, twittean en defensa de la prosélita regenteadora del albergue a quien, por cierto, no se le había descubierto su marcada tendencia ultraderechista.
Finalmente, los trabajadores del estado se declaran de “brazos caídos”. ¡Ah!, exclama alguien, “¿pues qué no ya lo estaban?”. Después de años la administración estatal acaba por hacer crisis sin tener el recurso para pagar a sus trabajadores. ¿Y qué pasó con los defraudadores; qué con los que burzatilizaron nuestra deuda?
¡Chin!, yo que pensaba salir de vacaciones. Esa es la cotidianidad desde mi mesa de café.

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