Hugo Rangel Vargas
Y sigue la yunta andando
Jueves 24 de Julio de 2014
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La labor de decenas de tractores en las parcelas, en las huertas y en los cultivos se paralizó; en cambio estas maquinarias se encontraron abriendo sendos surcos en el Paseo de la Reforma capitalino. Las matas de maíz se hallaron en las manos de cientos de campesinos veracruzanos pero a muchos kilómetros de distancia de la superficie donde habían echado raíz. ¿Cómo explicar que más de 35 mil hombres y mujeres que tienen su andar cotidiano entre la tierra, estaban enfrentando la planta de sus pies al asfalto?, ¿qué cuenta habría que dar para que sus gargantas reclamantes de agua en la cotidiana pesadez del trabajo agrícola, hoy tuvieran que exhalar consignas?
El pasado 23 de julio decenas de miles de campesinos productores de maíz y frijol de Veracruz, Sinaloa, Michoacán, Nayarit y Jalisco; de frutas y hortalizas de Sinaloa, Chihuahua, Puebla, Colima, Michoacán y Chiapas; así como de otros tantos cultivos de diversas latitudes de la República, marcharon en la Ciudad de México para manifestar su repudio a la tentativa de despojo que el gobierno de Enrique Peña Nieto pretende perpetrar contra su propiedad como producto de las leyes secundarias en materia energética que privilegian la producción de energéticos por parte de corporaciones privadas, por encima de la producción de alimentos que generan millones de productores sociales.
La nutrida convocatoria que encabezó la dirigencia de El Barzón y de otras organizaciones de campesinos de diverso signo ideológico como la Confederación Nacional Campesina, la Confederación Agrarista Mexicana, Antorcha Campesina, el Consejo Agrario Permanente, la Coordinadora Nacional Plan de Ayala, y muchas más, no pareció tener otro ambiente que el de una profunda indignación, quizá sazonada con el ánimo de quien se sabe camina lento pero seguro a su objetivo.
Y es que la sabiduría de la paciencia habita en la conciencia milenaria de quien echa una semilla, espera paciente el tiempo de que la abrace la lluvia, la cultiva con sufrida perseverancia, y celebra, en la serenidad del trabajo, la llegada de su cosecha. Esa sapiencia histórica es la del campesino mexicano que ha visto tentativas de despojo a lo largo de la historia. De ello pueden dar cuenta las leyes de reforma que pretendieron aniquilar la propiedad social de la tierra; el porfirismo, que privilegió la concentración de tierras en grandes haciendas y latifundios, así como el salinismo, que ultrajó el artículo 27 constitucional, triunfo mínimo de la lucha zapatista.
Una nueva intentona se cierne sobre el amanecer del campo mexicano ante la posibilidad de que la ley y el Estado mexicanos abran paso al despojo de cientos de miles de hectáreas propiedad de ejidos, comunidades indígenas y pequeños propietarios, para facilitar la operación y expoliación de recursos naturales por parte de las compañías petroleras transnacionales que invertirán en la extracción de gas y petróleo, una vez que esté consumada la Reforma Energética.
Esa es la razón que ha alzado nuevamente la voz de los campesinos de México y de que la pesada losa que mantenía en el sosiego a este sector de la población, le motive a alzarse como factor real de poder frente a la opinión pública.
Nada más lacerante para un individuo que las amenazas que se ciernen contra su propiedad. Cuando esto ocurre, es tiempo de que tiemble la estabilidad de un régimen. Pero quizá pueda tratarse de un agravio más, de uno de tantos que se han acumulado a lo largo de la historia en contra de las mujeres y los hombres del campo. Quizá la paciencia supere al cúmulo de ofensas, pero más temprano que tarde la tierra volverá a romperse violentamente al ver brotar una semilla: la de la rebeldía.
La historia tiene una marcha y los contrarios acumulan fuerzas y resistencias. El campesino impávido, hoy se lanzó a la calle. El estiaje parece haber llegado a su fin para las luchas del campo mexicano. El barzón puede reventarse y sin embargo, seguirá la yunta andando.

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