José Padilla Alegre
El derecho y sus glosas
El comisionado Castillo, las leyes y las reglas de etiqueta
Viernes 4 de Julio de 2014
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padillaalegre@hotmail.com


A través de dos medios en el estado, como son Canal 13 de Michoacán, en el noticiero de Carlos Alberto Monge Montaño, en su edición del viernes de la semana pasada, es decir, el 27 del mes de junio del presente año, que se transmitió a partir de las 19:00 horas, y esta casa editorial, en su edición del sábado 28 de junio del año en curso difundió una nota firmada por Juan Bustos. Ambos medios, al informar a la ciudadanía de la manifestación del viernes 27 del mes de junio de este año por las calles de Morelia, por parte de los profesores de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, me permitieron observar imágenes del comisionado para la Seguridad y el Desarrollo Integral de Michoacán, Alfredo Castillo Cervantes, visiblemente nervioso, caminando a la Casa de Gobierno, porque la marcha de los profesores le impedía el ingreso con su camioneta, iba acompañado por una dama y dos escoltas que lo seguían a prudente distancia, imágenes y foto donde se puede percibir que el mencionado funcionario traía la camisa desfajada del lado izquierdo visto de frente, como la utilizan los que portan arma sin el permiso correspondiente.
Lo anterior me permite hacer dos interpretaciones: si el comisionado Castillo porta arma y tiene autorización para ello, debería informarlo a través de la página correspondiente en atención a los principios de transparencia y certeza jurídica a que obliga todo sistema de gobierno democrático como el que nos rige.
En términos de transparencia, ya que si el licenciado Alfredo Castillo, por las funciones que desempeña debe estar armado, debemos tener conocimiento de ello los habitantes del estado de Michoacán.
Por razones de certeza jurídica, a efecto de saber si derivado de la delicada función debe estar armado para su seguridad y legítima defensa, y si ello es así, para que la porte de una manera que le permita una mayor seguridad, ya que traerla fajada en la cintura podría ser peligroso para el mismo.
De lo contrario, se estaría colocando al margen de la ley, en atención a que si bien es cierto, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en el artículo 10, concede el derecho de poseer armas para resguardar su integridad a los habitantes de los Estados Unidos Mexicanos. Estas deben estar en sus domicilios y no deben ser de las que usan las instituciones castrenses. Y como excepción a la parte general de esta regla, el artículo constitucional de referencia nos remite a la Ley de Armas de fuego y Explosivos para imponerse de las excepciones; es decir, los supuestos, para que a los habitantes del país se les autorice portar arma.
En la ley secundaria de la materia se encuentra regulado que los servidores públicos porten armas con la licencia respectiva, según se desprende del artículo 24 del ordenamiento invocado, al establecer que los integrantes de las instituciones federales podrán estar armados siempre y cuando se tenga la licencia oficial individual (artículos 25-II y 29-II).
A pesar de lo anterior y no obstante que los funcionarios públicos pueden portar arma, estimo que el comisionado Alfredo Castillo Cervantes no está dentro del supuesto a que me refiero en el párrafo anterior, ya que de origen, el decreto de creación que tiene como propósito el desarrollo integral en el estado a partir de restablecer la seguridad, se encuentra fuera del marco constitucional, pues de ninguna de las facultades que le confiere la Carta Magna al titular del Ejecutivo federal se encuentra la creación de comisiones de tal naturaleza; en consecuencia, el comisionado Castillo no puede portar arma, ya que con base en el artículo 14 la Ley Orgánica de la Administración Pública no es servidor público, pues el artículo de referencia sólo contempla como tales a los secretarios de Estado, quienes para el despacho de los asuntos de su competencia se auxiliarán en los subsecretarios, oficial mayor, directores, subdirectores, jefes y subjefes de departamento, oficina, sección y mesa, y por los demás funcionarios que establezca el reglamento interior respectivo y otras disposiciones legales, ley que regula el accionar de la administración pública central, la que no tiene regulada a los comisionados como funcionarios públicos.
La otra interpretación es que si no porta arma, el comisionado está faltando a las reglas de etiqueta a que se refiere el Manual de Carreño, en el código de vestuario, mismo que sugiere que un caballero no debe andar con la camisa desfajada, máxime que el comisionado Castillo ha dado muestras de buen vestir, pues le he observado en muchas otras fotografías e imágenes en que está bien ataviado para la ocasión, lo que daría mucho de qué hablar del personaje a que me vengo refiriendo, ya que esto, como lo señala García Máynez (2009), citando a Walter Heinrich, daría lugar a trastocar “los convencionalismos sociales –lo importante no es que en una cierta época se usen trajes o sombreros de tal cual corte o color, sino que en la consciencia de los individuos exista la idea de que esas prendas deben usarse–”, y que para el caso que nos ocupa, lo socialmente aceptado es que los hombres lleven la camisa fajada, es decir, anudada al pantalón y fijada por el cinturón.
Por lo anterior, comisionado Castillo, fájese la camisa o conduzca su encargo dentro del marco del derecho.

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