Rafael Mendoza Castillo
Salvador Jara Guerrero y el Estado de excepción
Lunes 30 de Junio de 2014

(Segunda parte)

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Desde hace muchos años, las instituciones que representan el poder político en Michoacán se vaciaron del poder legítimo y legal. Estos vacíos de poder, los ocuparon poderes fácticos denominados como delincuencia organizada. Aunque también hay que decir, hicieron su entrada, en la escena pública, grupos o fuerzas disidentes, respecto del orden constituido. Todo lo anterior, como resultado de la corrupción y la impunidad, al interior del entramado institucional. En ese sentido, el Estado de Derecho estaba y está hoy, ausente. Ocupando dicho vacío, el Estado de excepción.
Ante la crisis política, económica y social, que vivían y viven los michoacanos, el gobierno federal nombró a Alfredo Castillo Cervantes como comisionado para enfrentar el conflicto. Hemos de decir, que los michoacanos no fuimos informados de la estrategia, que se pensó desde el centralismo y el autoritarismo. El comisionado asumió, y asume hoy día, “plenos poderes”, políticos, militares y policíacos (diez mil soldados y policías federales).
La necesidad, la emergencia, así lo ameritaba, según el poder central. En nombre de esa necesidad, de esa emergencia, nos preguntamos, ¿qué perdimos en democracia, en soberanía, como estado? ¿Estamos viviendo un Estado de excepción? ¿Quiénes son los responsables? ¿Se castigará a los culpables?
Todos sabemos, que en un Estado de excepción, la necesidad y la emergencia le ganan al derecho y a la legitimidad. En nombre de lo primero se impone un gobernador sustituto, silenciando y haciendo invisible, la división de poderes. Esta necesidad y esta emergencia, producida por las propias instituciones del poder de dominación y de explotación, produce en los ciudadanos michoacanos una desconfianza absoluta hacia el poder establecido. Nadie puede tener fe en alguien, que es producto del ejercicio del poder secreto de un comisionado, sabiendo que no es resultado de la voluntad de la comunidad, ya que en ésta reside la soberanía.
Algo más grave, en el Estado de excepción, en nombre de la emergencia y la necesidad, el poder de dominación golpea, coopta y reprime, a todos aquellos grupos, clases o individuos, que se rebelan en contra del orden establecido (aplicación facciosa de la justicia), dado que éste responde a un modelo económico corporativo, empresarial, militar y mediático, que genera, en millones de personas, dolor emocional, mental y físico.
En un estudio que hizo el extinto IFE, ahora llamado Instituto Nacional Electoral, sobre la confianza o desconfianza de los ciudadanos hacia la representación política, resultó que siete de cada diez ciudadanos desconfían de la representación política. Esto es grave, porque eso demuestra que esta última no accede al poder para servir a los ciudadanos, sino para servirse a sí misma. La partidocracia se instala en este último sentido.
En el caso de Salvador Jara Guerrero, quien fue nombrado como gobernador sustituto, por la Federación, a través del comisionado para la paz en Michoacán, con “plenos poderes”, no es extraña la forma en que hoy accede al Solio de Ocampo y la forma en que llegó a la Rectoría de la Casa de Hidalgo. En ningunos de los dos casos llega como resultado del consenso de la sociedad michoacana, en el primer caso y de la comunidad nicolaita, en el segundo caso. Su academia y su humanismo se oscurecen, frente a estos dos hechos, ajenos a la democracia directa y la ética crítica. No todo vale, en nombre de la emergencia y la necesidad. El que elige se elige.
El humanismo y la academia, como atributos del gobernador sustituto, no son suficientes para enfrentar los poderes de grupos, que funcionan al interior del aparato estatal, de la partidocracia, de los empresarios, de la delincuencia, de la corrupción y de la impunidad existente. En qué fuerza política real, fundará las políticas públicas, para enfrentar la grave problemática michoacana en lo económico sin crecimiento, lo político con autoritarismo, lo social con desempleo brutal, corrupción e impunidad galopantes. La única fuerza que otorga legitimidad y dignidad es la voluntad popular. Pero el régimen político de derecha, que lo nombró, no contempla el poder de la comunidad y el primero sirve a la oligarquía, a los dueños del dinero. Veremos qué escoge el gobernador sustituto. Al tiempo.
La autonomía de la división de poderes en Michoacán, quedó sujetada a las decisiones del centralismo autoritario, como un ”nuevo” modelo de gobernar, que aspira a privilegiar el orden del conformismo, frente al conflicto de clases. El mismo modelo de acumulación de capital en pocos, es la causa de los conflictos sociales y políticos. Administrar y planificar el capitalismo, es una opción del nuevo gobernador sustituto, o también, romper con ese esquema y, colocarse, a favor de los pobres, de los olvidados. El humanismo sin política es una ilusión y la política, sin ética disruptiva, es fuerza bruta.
Con el nombramiento del gobernador sustituto, quedó en evidencia el sometimiento del Congreso del Estado, del Poder Judicial, de la partidocracia, al centralismo autoritario. Escuchemos al gobernador sustituto: “Agradezco al gobierno federal por la confianza” para nombrarlo como gobernador. La racionalidad política instrumental convirtió al Congreso del Estado en un medio para justificar el autoritarismo. Esto es autocracia, no democracia.
Como decía el bueno de Carlos Marx, la crítica no se arredra ante el poder. Pocas voces se han manifestado en contra del Estado de excepción, que hoy vive Michoacán. Dos botones de muestra, mujeres, por supuesto. La perredista Cristina Portillo Ayala llamó a “dignificar las instituciones y devolver al estado la soberanía, porque ha sido vulnerado”. Y la diputada independiente Selene Vázquez Alatorre, quien afirmó: “Actualmente Michoacán es un estado intervenido por la Federación”.
La academia y el humanismo, son sólo dos semblantes, rostros, representaciones, que enmascaran un orden económico y un régimen político, que vende el patrimonio de la nación, vía las reformas estructurales, a las corporaciones económicas, extranjeras y nacionales. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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